top of page

Relatos de Maternidad (Puerperio 2)

  • 8 sept 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 9 sept 2025

Llegar con un bebé a casa es el disparador para esta serie de textos de las mamás de la comunidad


De dos a tres: Mi experiencia postparto


Durante mucho tiempo fuimos Louis y yo: muy cómplices, disfrutando de nosotros, de nuestros tiempos, de la vida. Después de varios años y conversaciones, decidimos ser papás… ¡nos atrevimos!


El embarazo fue bueno, cada control salió bien. Incluso hice un taller de preparación de parto para estar más tranquila cuando llegara el gran momento. Se programó su llegada para la semana 41. Hice los ejercicios, los movimientos indicados y, tras 16 horas de trabajo de parto, en el momento que me pidieron, pujé y pujé lo más fuerte que pude… pero Olivia no salió. Me asusté.

Luego todo pasó en cuestión de segundos: mi bebé venía con el cordón al cuello, había que actuar rápido. Me hicieron episiotomía, usaron fórceps… ¡salió! Pero no lloró, estaba azul.

La pusieron en mi pecho unos segundos y la acaricié mucho pensando que eso la haría reaccionar, pero no. Le tuvieron que poner oxígeno y ahí, al fin, escuché su voz: un llanto desesperado que me devolvió al presente.



Sé que en esos momentos no se puede tener todo bajo control, pero esperaba algo distinto a lo que estaba pasando... Sentí una vulnerabilidad total, algo difícil de describir. Luego se la llevaron para exámenes, y así empezó nuestra vida de tres: desafiante, con incertidumbre, miedo, pero una vez que nos dijeron que estaba todo bien, respiramos y dormimos a ratitos esa madrugada. ¡Lo logramos!


Con Louis éramos muy felices compartiendo momentos, aventuras y nuestro amor, pero la vida nos enseñó que todavía nos faltaba conocer una forma nueva y más profunda de amar. Su llegada transformó todo: pasamos de ser dos a ser tres. Ella aprendiendo a existir y yo aprendiendo a ser mamá, a recuperarme y a sanar mis heridas postparto.


Me surgió la necesidad de compañía de otras mamás que estuviesen viviendo lo mismo, de contención, de sentir que no era la única viviendo este proceso. Así fue como llegué a Maternar en Yoga, buscando el equilibrio entre salud física y salud mental. Llegué cuando Olivia tenía 1 mes y 3 semanas y fue lo mejor que pudo haber pasado, me sirvió muchísimo.

Este camino no tiene pausas. De un día a otro entendí que ahora hay alguien que depende de mí para todo. A veces estoy cansada y quisiera dormir toda la noche, pero no… no se puede (por ahora; también sé que es temporal). Cada día trae nuevos desafíos: al principio la lactancia, en qué posición duerme, ¿está respirando?, los controles de peso, los percentiles, la alimentación complementaria… siempre hay algo nuevo que aprender y poner en práctica.

A veces me viene a la mente que Olivia es un lienzo en blanco. Cada acción, cada palabra y cada forma en que se le muestra el mundo deja una huella en ella. De nosotros depende acompañarla para que construya su confianza, independencia, autoestima y sus ganas de explorar el mundo por sí misma. Y es justo en esos momentos cuando recuerdo la enorme responsabilidad que significa ser padres.


Finalmente, entre el cansancio y la rutina, surge una fuerza que me sostiene: un amor inmenso e inexplicable que cuesta entender. Todavía me sorprendo cuando la miro y pienso: “¿cómo es posible que haya estado dentro de mí?”. Sus ojitos me buscan, haciéndome sentir que soy su todo. Esa mezcla de asombro y ternura me mantiene en pie incluso en los días más pesados, en los días en que el cansancio y los cuestionamientos se hacen presentes, como los cambios en mi cuerpo, por ejemplo. No es solo que se vea distinto, es que se siente distinto. Hay días en que extraño a mi “yo” anterior, pero también sé que este cuerpo fue capaz de lo más increíble: darle vida a Olivia.


Hoy entiendo lo que tantas veces escuché de mi propia mamá: ese amor por los hijos que parece no tener explicación. Ahora sé que es real. Es un motor, una fuerza que mueve incluso cuando no quedan energías.


El postparto me ha mostrado que no todo es fácil, pero también me enseñó que lo más grande se encuentra en lo simple: en una sonrisa sin dientes, en su manito apretándome el pecho, en esos segundos en que el mundo se detiene cuando me mira con sus pelos parados y ojos bien abiertos… la amo.


Hoy no soy la misma de antes. Soy más fuerte, más consciente y más agradecida. Y aunque extraño, a veces, la vida de dos, hoy siento que somos más completos de tres. Olivia no solo nos convirtió en padres, con ella nació también nuestra familia.


Paulina, mamá de Olivia


1 comentario


Invitado
09 sept 2025

Gracias Pau por compartir tu experiencia. Un placer leerte. cariños enormes!

Me gusta
bottom of page