Relato de Lactancia 7
- 8 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Cada gotita de leche es oro puro; Lo más valioso para favorecer el desarrollo de mi bebé. Es por esto que jamás me cuestioné el hecho de amamantar a mi guagua; es un momento de conexión pura, de complicidad y de entrega total para quien resultas ser su mundo entero.
Digan lo que digan, creo que amamantar es un acto de amor absoluto.
Hace más de 20 años, siendo una adolescente, tuve a mi primer hijo. La lactancia materna fue una muy buena experiencia para nosotros. Entre cuadernos y actividades, siempre logré dar leche a mi hijo o, cuando era necesario, y con total facilidad, lograba extraerme la cantidad necesaria de leche. De hecho lograba congelar mucha más leche de la que él necesitaba diariamente.
Así estuvimos por casi tres años.
Ahora, con mi hija, todo ha sido diferente. Sentí dolor las primeras semanas, cuando estábamos aprendiendo a que se acoplara bien. Me dio mastitis cuando ella tenía casi un mes y creo que jamás había sentido un dolor tan inquietante. Todo esto era inexplicable para mí y comenzaron a despertarse diferentes miedos e inseguridades respecto a mi capacidad para alimentar adecuadamente a mi hija. Incluso pensé que la edad también era un factor determinante en que todo fuese tan distinto.
Una vez que pasó pese episodio, volvimos a la normalidad. Yo siempre tratando de armar un banco de leche porque, a diferencia de mi primer hijo, esta vez yo tenía que volver a trabajar.
Me resultó imposible. Mi hija quería tomar “pesubita” todo el tiempo. Sanitizar, lavar, secar y guardar el extractor de leche, era una tortura, entre los pañales, la ropa sucia y todo lo que implicaba adaptarnos a un nuevo ritmo de vida.
Fracasamos con el Banco de leche y, nuevamente, dudé de mi cuerpo. Veía que muchas otras mamás lograban armar su banco de leche y yo con suerte lograba extraerme para una toma diaria.
Por otro lado, a mi hija le diagnosticaron alergia alimentaria y tuve que iniciar una dieta de exclusión de alimentos. El camino más simple era dar fórmula, pero no quise porque sé lo beneficioso que es la lactancia materna y tampoco quería que perdiéramos ese momento tan significativo para nosotras. Sin embargo, ha sido más difícil de lo que creí. A ratos creo que es una locura y no dejo de pensar cómo es posible que mi cuero produzca leche para mi guagua, con tantas situaciones estresantes a nuestro alrededor. He llorado muchas noches seguidas; De cansancio, angustia y desesperación.
Todo ha sido muy agotador. Ahora llevo más de un mes con mastitis en mi pecho izquierdo. He ido al médico y a urgencias más de 4 veces en este periodo y sigo teniendo episodios de un dolor agudo que no logra explicarse. Ya no sé si es sólo mastitis. Ya no sé qué más hacer para no sentir dolor y estoy al borde del colapso. Nuevamente pienso si lo estoy haciendo bien o si mi cuerpo me está dando alguna señal para que desista de la lactancia materna.
Después de cuestionarme mil veces todo lo que ha pasado; El dolor insostenible, la dieta de exclusión, los miedos, nuevamente el dolor, mi inseguridad, llega ella a pedirme leche. Nos sentamos, la miro, nos sostenemos en ese espacio nuestro y nos perdemos en una entrega recíproca que nos hace sentir que no estamos solas, que somos capaces y que aún no es tiempo de rendirnos. Sigue siendo tiempo de pesubita y lo cuidaremos hasta que ambas sepamos que es momento de pasar a otra etapa.

La lactancia materna se debe propiciar. Es importante el entorno; el apoyo y colaboración de tu red. Son invaluables los vasos de agua que me da mi compañero, el cojín de lactancia, nuestro rinconcito. Pero también es importante que no nos olvidemos de nosotras y de nuestro cuerpo, por muy difícil que nos resulte en tiempos de maternar.
No te olvides de tí en tiempos de lactancia.
Naty, mamá de la Comunidad
Gracias por compartir tu Relato de Lactancia.




Comentarios